Alabanza

Más allá del repertorio de adoración

By on 16 de octubre de 2017

Para muchos, el “repertorio” de adoración, que comprende la parte principal del servicio dominical de una iglesia, se parece un poco a la escultura de cristal en la parte superior de la estantería de mi abuela: no se puede tocar.

El repertorio de adoración es algo así como un accesorio entre las congregaciones evangélicas, ya sea que la música esté acompañada por un coro y orquesta o por una banda de ocho integrantes. Entra a una iglesia en algún momento entre el saludo de bienvenida y el sermón y es probable que te encuentres en medio de un bloque de 20-30 minutos de música.

Entonces, ¿qué exactamente es el repertorio de adoración? Y, ¿es algo que deberíamos tener en nuestras iglesias?

En pocas palabras, es el conjunto de himnos y canciones de adoración que son elegidos intencionalmente. Refleja previsión y creatividad. Es una opción mucho mejor que seleccionar un par de canciones populares y arrojarlas sobre un lienzo como las pinturas de Jackson Pollock.i

Al igual que en una comida con aperitivo, plato fuerte y postre, el repertorio de adoración sigue un arco dinámico o historia. Un repertorio podría comenzar con un llamado para adorar o una canción de invitación. Esta canción establece un tema en particular e invita a los fieles a alabar a Dios. Luego, un par de canciones más desarrollan el tema tanto musical como líricamente. Esta es la parte del “plato fuerte”. Si la primera canción se centró en el carácter de Dios, las que le siguen pueden mover a la iglesia a considerar nuestro pecado y redención en Cristo. La última canción del repertorio es el clímax teológico y musical. Podría consistir en una celebración de la resurrección, o un llamado a responder con fe y discipulado, o simplemente una declaración de alabanza. Bob Kauflin habla de este tipo de desarrollo temático intencional en su libro “Worship Matters” (Nuestra Adoración Importa), y él subraya una serie de sistemas de repertorios de adoración que son útiles y dignos de probar. ii

En general, creo que el repertorio de adoración es una idea maravillosa si se utiliza bien. En una iglesia a la que pertenecía anteriormente, sirviendo como director de adoración, dedicaba un tiempo considerable cada semana para la elaboración y preparación de repertorios de música. Mi esperanza era que este proceso podría ayudar a los creyentes en su respuesta a Dios en alabanza robusta con sus mentes y sus corazones y yo creo que Dios bendijo este esfuerzo.

El repertorio de adoración puede tener un enfoque que glorifica a Dios porque el configurar intencionalmente el orden de las canciones ayuda en el fortalecimiento de la iglesia que es lo que debe caracterizar nuestra alabanza corporativa (1 Cor. 14:26). Este unifica las canciones en torno a un concepto central lo cual promueve su comprensión. Si se utiliza bien, el repertorio de adoración prepara a la congregación para las preguntas específicas y tópicos principales que el sermón abordará. Al igual que una narración con un principio, una trama y un final, el repertorio de adoración puede capturar nuestra imaginación y ayudarnos a relacionarnos con Dios a través de la historia implícita relatada en la secuencia de las canciones.

El repertorio de adoración: posibles errores y soluciones

De modo que, no quiero afirmar que el repertorio de adoración es un concepto terrible del todo. Pero quiero bajar esa escultura de cristal del estante de la abuela y ver si se puede mejorar.

¿Por qué? Mientras que el repertorio de adoración tiene mucho que aportar, no está fuera de peligros. Aquí están tres posibles errores que puede presentar. Para cada uno, voy a identificar algunas formas de pensar y movernos “más allá” del repertorio de adoración.

  1. El repertorio de adoración puede fragmentar el orden del servicio

En primer lugar, el repertorio de adoración puede fragmentar el orden del servicio. Si los pastores y otros líderes no tienen cuidado, utilizar un repertorio de adoración sutilmente puede transmitir que el servicio básicamente tiene dos partes: el canto y el sermón. El líder de adoración preside la primera mitad, luego pasa la batuta al pastor para el mensaje.

Me temo que debido a esto, muchos evangélicos tienen una imagen dividida de la adoración pública: la parte musical del servicio está orientada a aquellos que se relacionan con Dios a través de las experiencias emocionales, mientras que el sermón está dirigido a los sobrios y calculadores. En el peor de los casos, esta falsa dicotomía también puede perpetuar la idea errónea de que la adoración a través del canto es la adoración de la iglesia, dando lugar a comentarios como: “La adoración (es decir: la música) hoy fue increíble, pero el sermón estuvo un poco seco”, como si la predicación no fuera doxología también.

Como sea que estructuremos nuestros servicios, debemos esforzarnos por transmitir que la música y la predicación (y otros elementos, véase el punto 2) son propiamente adoración a Dios y que son esenciales para todos los cristianos.

Aquí están algunas sugerencias para evitar este peligro. En primer lugar, si por lo general tus servicios caen en la fórmula de los “30 minutos de música y 30 minutos de predicación”, entonces cambia el orden del servicio regularmente. Considera la posibilidad de dividir la parte musical con oración, lectura bíblica o con meditación. Trata ocasionalmente de colocar el sermón más cerca del comienzo del servicio dejando la mayor parte del canto para después del mensaje.

Dispón de una persona, que no sea el líder de adoración o predicador, preferentemente un anciano, para que dirija todo el servicio. Llama a este hombre “anfitrión”, un “maestro de ceremonia”, un “líder de servicios” (es el término que utilizamos en mi iglesia) o cualquier término que sea de tu agrado. Pero asegúrate que no sea el líder de la música o el predicador. Si este individuo da la bienvenida y los anuncios, introduce las canciones, preside la ofrenda, dirige las oraciones y así sucesivamente, entonces él puede traer unidad a todo el servicio.

Elige un tema para el servicio basado en el tema del texto del sermón. Asegúrate de que las canciones, oraciones e incluso los anuncios estén relacionados con este tema. Cuando la congregación se dé cuenta de que todo el servicio es acerca de “la fidelidad de Dios” o “conocer a Cristo en el sufrimiento”, mitigará la sensación de que el servicio de adoración no es más que un concierto seguido de una charla que no guarda relación con lo anterior.

  1. El repertorio de adoración puede llevar a la iglesia a subestimar los elementos no musicales de la adoración

Otro peligro del repertorio de adoración es que puede llevar a la iglesia a subestimar los elementos no musicales de la adoración. Pablo le dijo a Timoteo: “Ocúpate en la lectura de las Escrituras” (1 Tim. 4:13). Él instruyó al joven pastor para que dirija a su iglesia a ofrecer “rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias” (1 Tim. 2:1). Su expectativa era que los miembros de la iglesia de Corinto apartaran su ofrenda “el primer día de la semana” (1 Cor. 16: 2), de la que muchos han deducido que dar era una parte integral de la adoración pública de la iglesia del Nuevo Testamento. Jesús mandó a sus seguidores a bautizar a los nuevos discípulos (Mat. 28:19) y Él les dio su Santa Cena para que pudieran proclamar su muerte hasta que Él vuelva (1 Cor. 11:26). Hay mucho más que hacer en la iglesia además de cantar y predicar.

El peligro con el repertorio de adoración es que estos otros elementos de la adoración bíblica pueden desvanecerse en el fondo. Si la congregación espera (o incluso demanda) experimentar una progresión musical bien ensayada y creativa, eso puede forzar la salida de estas otras expresiones ordenadas de adoración. Por supuesto, no estoy sugiriendo que alguien intencionalmente coloque a un lado los elementos bíblicos de la adoración. Sólo quiero resaltar un patrón que he notado: cuando la iglesia da privilegios a la adoración a través del canto, otorgándole la mayor parte del tiempo y enfoque, estos otros elementos de la adoración se vuelven superficiales y mecánicos.

¿Cómo pueden los pastores y aquellos que dirigen la adoración a través del canto trabajar en contra de esta tendencia?

Si utilizas un repertorio de adoración resiste la idea de que el repertorio debe contener sólo la música con el fin de que tenga mayor impacto. Esto no es un concierto. Intercala oraciones y lecturas entre las canciones.

Promueve una cultura de oración reverente y robusta en tus servicios. Si dedicas mucho tiempo a la oración durante el servicio no debería ser una sorpresa que los miembros de la iglesia aprendan a dar prioridad a la oración en sus vidas privadas.

¿Cómo podemos fortalecer nuestra oración pública? Saturándola con verdades bíblicas: “¿No aprendemos de la Biblia el lenguaje de la confesión y penitencia? ¿No aprendemos de la Biblia el creer y reclamar en oración las promesas de Dios? ¿No aprendemos de la Biblia la voluntad de Dios, los mandamientos de Dios y los deseos de Dios para su pueblo por los cuales rogamos en oración? Y como estas cosas son así, las oraciones públicas deben repetir y hacer eco del lenguaje que vemos a través de la Biblia”.iii

También hay una correlación entre el tiempo del ensayo y la valoración. Si tu iglesia valora la música bien hecha lo más probable es que tu banda o coro pasen horas ensayando. ¿Por qué no emplear tanto tiempo y esfuerzo en la preparación de oraciones públicas?

Por último, promueve una cultura de lectura reverencial de las Escrituras en tus servicios. Si creemos que la Palabra de Dios es “más cortante que cualquier espada de dos filos” (He. 4:12) saquémosla de la vaina y dejemos que haga su trabajo. Lee de tal manera que las majestuosas verdades de las Escrituras resuenen en los oídos de tu congregación. Considera la posibilidad de formar a un número de miembros de la congregación para leer bien la Escritura: con significado, énfasis, seriedad y gozo.

  1. El repertorio de adoración puede fomentar una cultura de entretenimiento

En tercer lugar, el repertorio de adoración puede fomentar una cultura de entretenimiento. Este peligro es irónico, por supuesto, porque uno de los propósitos del repertorio de adoración es unir un grupo de canciones junto a las líneas del contenido teológico. Pero temo que, a menudo, lo que la congregación experimenta mientras canta el repertorio de adoración no es una nueva apreciación del tema bíblico, sino una travesía por un concierto con una serie de canciones emotivas.

Aunque no estoy en contra de la creatividad y la emoción en la adoración pública, creo que es posible darle mucha prioridad a la respuesta emocional que proviene de la música que a la verdad bíblica, en lugar de ser iluminada es pasada por alto. Una implicación de Colosenses 3:16 es que si la palabra de Cristo no habita en nosotros abundantemente al cantar, entonces algo, sobre la forma en que estamos cantando, tiene que cambiar.

Como Neil Postman afirma en “Amusing Ourselves to Death” (“Entreteniéndonos hasta la muerte”) “el entretenimiento se ha convertido en el discurso dominante de nuestra época. Mientras que la iglesia debe reconocer este hecho, no debe rendirse a él. Nuestros servicios no tienen que sentirse como si fuera un concierto o programa de televisión, incluso si esos modos de discurso definen la manera en que las personas posmodernas experimentan el flujo de ideas. Más bien, en nuestros servicios tenemos la oportunidad de modelar un tipo de discurso diferente, uno que comienza con la autorevelación de Dios. Nuestra adoración, ya sea contemporánea o tradicional, en una iglesia alta o baja deben abstenerse del experiencialismo centrado por el hombre y abrazar al Dios trascendente”.

Por lo tanto, si un repertorio de adoración puede ayudar a las personas a adorar, atesorar y a entender más a nuestro santo Creador, entonces por todos los medios utiliza uno. Pero si en tu iglesia el repertorio de adoración tiende a centrarse más en la habilidad artística de la banda que en lo maravilloso del Redentor, entonces algo tiene que cambiar.

¿Cómo podemos resistir la manera en la que un repertorio de adoración puede empujar lentamente a una iglesia hacia el entretenimiento?

Haz todo lo que puedas para que la congregación pueda escucharse el uno al otro cantar y que esto sea una prioridad. Este es un principio bíblico fundamental dado que Pablo exhorta a los creyentes a hablar  “el uno al otro” con salmos, himnos y cantos espirituales (Ef. 5:19). Pero también ayuda a cultivar una atmósfera de alegría y familiaridad con las letras.

El tener en cuenta a los demás en la adoración colectiva y de cómo el volumen y la expresión de tu propio canto en realidad anima a los demás ayuda a destruir el egocentrismo. En la práctica, esto puede implicar bajar el volumen de la banda u orquesta e instruir a los músicos a que se enfoquen en un acompañamiento de buen gusto y simple en lugar de una función virtuosa o compleja.

Proporciona un contexto que ayude a interpretar la adoración a través del canto. Por ejemplo, en lugar de comenzar el servicio con iluminación oscura y una línea de rock pesado (que se parece mucho a un concierto), comienza con un llamado a la adoración desde la Palabra de Dios o desde una breve oración.

Antes de que comience la música, haz que el líder del servicio dé unas palabras de instrucción o exhortación para colocar la(s) canción(es) en su contexto. Esta interpretación de lo que está por venir es muy valiosa no sólo para los creyentes, sino también para los no creyentes que pueden no entender la música que están a punto de escuchar (véase 1 Corintios 14:24 sobre la prioridad de hacer comprensible el servicio a los visitantes no cristianos). Sí, puede que se sienta un poco rígido y extraño tener algunas observaciones antes de la adoración; pero incluso esta pausa en el servicio es algo bueno, ya que involucra las mentes de la congregación e inhibe la pasividad sobre la cual florece la cultura del entretenimiento.

Además, mantén las luces principales encendidas. La oscuridad, máquinas de humo y proyectores apuntan a que el foco debe estar en los músicos que están delante. En contraste, una iluminación brillante y un escenario modesto, incluso la colocación de los músicos a un lado si es posible, transmite que lo que realmente importa aquí no es el coro o el grupo de alabanza, pero sí el contenido de las canciones y la participación de toda la congregación.

Ve el silencio como un amigo, no un enemigo. Si hay algunos momentos de calma entre una canción y una oración o entre la ofrenda y el sermón, no es un desastre. Después de todo, esta es una reunión de los cristianos para alabar, no una producción de televisión. De hecho, el permitir momentos de silencio en las transiciones puede refrescar el paladar mental de la gente y permitir que la iglesia reflexione sobre lo que ha pasado anteriormente en el servicio. En adición, utiliza momentos planificados de silencio para la reflexión y la oración. Estar sentados en un salón con docenas o cientos de otros creyentes y simplemente estar en silencio delante del Señor es contraculturalmente refrescante en nuestra era ruidosa y distraída.

Más herramientas en la caja de herramientas

Con todo lo anterior no estoy tratando de hacer del repertorio de adoración un monstruo. Es una herramienta útil. Pero por estas tres razones, no creo que debiera ser la única herramienta en nuestra caja de herramientas. Y si hacemos uso de un repertorio de adoración debemos hacerlo de una manera que unifique y no que divida el orden del servicio, que destaque los elementos de la adoración y no que le reste importancia a los mismos y que promueva admiración delante de Dios en lugar de una experiencia de entretenimiento.

Cuando se trata de planificar un servicio de adoración hay mucha libertad en lo que respecta a las formas y circunstancias en las que una congregación lee la Palabra, canta la Palabra, ora la Palabra, escucha la Palabra predicada y ve la Palabra en las ordenanzas. Oro para que como pastores y directores de música pensemos más allá del repertorio de adoración y que Dios nos dé sabiduría para dirigir a nuestras congregaciones a ofrecer un sacrificio apropiado de alabanza. Oro para que nuestras iglesias, llenas del Espíritu de Dios, se deleiten cada vez más en el Hijo de Dios, el que se entregó por nosotros para que seamos adoradores de Él.

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15 de octubre de 2017

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